En algunos casos buscaba presentarlo como un peligro para las tradiciones de la Iglesia Católica y, en otros, utilizaba su imagen para defender postulados de la doctrina eclesiástica.
En numerosas ocasiones, su postura y sus reformas, a las que se opuso siempre el área más ultraconservadora de la Iglesia, han sido tergiversadas en redes en un intento de presentar al pontífice como un papa radical al servicio de una “agenda globalista” que quiere acabar con la cultura occidental.
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