Se elegirán unos 880 jueces federales -incluyendo a ministros de la Suprema Corte- así como a más de 1.700 magistrados regionales para 19 estados.
Estas votaciones son la médula de una reforma judicial que el gobierno presenta como panacea para abatir la arraigada corrupción e impunidad del Poder Judicial. Pero también atizan preocupaciones sobre la independencia y si facilitará a los criminales poder influir en las cortes con amenazas o sobornos.
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